ni le intentaré dar ritmo
ni retocaré palabras
para no repetirme
Lo voy a dejar salir tal cual porque realmente
no sé muy bien lo que es.
Así que, ¿por qué perder el tiempo intentando
darle contundencia a algo vago?
Tengo una sensación extraña
mezcla de muchas cosas:
Un poco de regocijo,
de ternura reconcentrada en felicidad
mezclada con un punto de tristeza
y una buena parte de rabia.
De que el destino o el azar o la geografía o algún ser superior...
No, la verdad es que no creo en ningún ser superior.
Ni en el destino.
Si me apuras, tampoco está claro lo que es el azar.
Un poco lo mismo, pero con un nombre más mundano.
Mejor quitarle misticismo a lo que una y otra vez nos jode y no
sabemos por qué, ¿no?
A lo que a veces nos da grandes alegrías.A lo que pinta de negro nuestras casas.
A nuestras esperanzas, miedos e incertezas.
Mejor desnudamos el concepto y la palabra, lo disfrazamos
de pseudociencia
y nos reconfortamos en que ahora creemos saber mejorpor qué nos pasan las cosas.
Cuando en realidad estamos igual de perdidos que cuando
invocábamos dioses
y sacrificábamos seres vivos en rituales sanguinarios.Por suerte, muchos de nosotros canalizamos la rabia y la impotencia
de una forma mucho menos dañina ahora que lo llamamos azar
y no religión.
El caso es que eso que hace que yo esté aquí y tu allí
que a mi vecino le toque la quiniela y a mi no
(cómo me va a tocar, si no la echo),
eso que hizo que en aquel examen me preguntaran algo que
me acababa de estudiar
eso que, por arbitrario y sin criterio no lo entiendo,eso que nos ha puesto en esta situación.
Me enfurece en cierto modo, porque no me dio lo que por una vez
supe que quería.
Me enrabia, porque no tengo controly sé que es mejor así
pero yo sólo quiero gritar y correr y olvidar.
No, en realidad olvidar no.
Yo nunca quiero olvidar.
Es gracioso.
Pero casi nunca lo hago.
Aunque con algunos casos hago excepciones, contigo supe
desde el principio
que no lo haría.Es curioso todo esto que estoy diciendo, porque
de la misma rabia
también encuentro cierto consuelo en la falta de control
sobre lo imprevisible
en esa puerta que no se cierra del todo,
en esos caminos, que separados, se saben paralelos
y tal vez, algún día
se vuelvan a cruzar.
(Saber que tu has pensado en eso igual que yo
le da un valor especial, no sabes cuánto, a las cosas)
Por designios del destino, de geografía, de azar, de ese ser superior...
Y entonces, puede que con bastantes canas más
y con mucho dolor acumulado
decidamos sentarnos en el sofá
tu conmigo
y yo contigo.
A poner en orden nuestros desórdenes
y zurcir nuestros pedazos.
No podría evitar reír entonces, si la vida fuera así de jocosa,
y nos volviéramos a encontrar
para pelearnos por el mando de la tele.